5 de febrero de 2012

Y ya no quedan sueños. Ya no quedan pesadillas.

Todos queríamos ser extraordinarios, y cuando creímos que lo rozábamos con la punta de los dedos todo se esfumó ¡plof! Y el sueño se volvió oscuro, y la lejanía se hizo cierta, y los besos se fueron, y las lágrimas se fundieron con la lluvia y me vi caminando descalza, pisando charcos, mirando a la nada y viéndolo todo. Contigo al lado pero teniéndote más lejos que nunca.

Y ya no quedan sueños. Ya no quedan pesadillas. Ya no queda nada más que un vacío infinito en el pecho y en la mirada. Ya no quedan sueños. Ya no quedan pesadillas. Ya no queda valor para intentarlo. Ahora queda miedo a lo desconocido. Miedo a que haya más historias y más falsas ilusiones. Miedo a mis ilusiones, que se fundamentan en nada. Miedo a no aguantar el tipo. Miedo.

Y puedo garantizar que yo no me metí sola en esto. Si la puerta desde un principio hubiese estado cerrada no hubiese intentado pasar. Pero no lo estuvo, y aún hay pedazos de mi tras esa puerta o al menos yo no me siento completa. Sigo creyendo que te llevaste algo que me pertenecía y ahora no estoy segura de si quiero intentar volver a entrar para recogerlos o si saldré peor parada de esta.





1 comentario:

María Millán dijo...

Precioso Ana! ;)
María